La Biblia hoy - Nueva Versión Internacional
Un plan de lectura bíblica diaria para leer toda la Biblia en un año
Al leer la Biblia cada día, permita que las Escrituras le hablen. Aquí tiene algunos consejos:
Antes de comenzar su lectura ore a Dios pidiéndole que él le hable por su Palabra.
Busque un lugar tranquilo y lea el texto con atención.
Hágase ciertas preguntas: ¿Por qué escribió Dios esto? ¿Qué me quiere enseñar? ¿Cómo lo puedo aplicar a mi vida?
Ore al Señor pidiéndole que le dé el poder para poner en práctica lo aprendido.
Capítulo 8
Israel pide rey
1Cuando Samuel entró en años, puso a sus hijos como gobernadores de Israel, 2con sede en Berseba. El hijo mayor se llamaba Joel, y el segundo, Abías. 3Pero ninguno de los dos siguió el ejemplo de su padre, sino que ambos se dejaron guiar por la avaricia, aceptando sobornos y pervirtiendo la justicia. 4Por eso se reunieron los ancianos de Israel y fueron a Ramá para hablar con Samuel. 5Le dijeron: "Tú has envejecido ya, y tus hijos no siguen tu ejemplo. Mejor danos un rey que nos gobierne, como lo tienen todas las naciones." 6Cuando le dijeron que querían tener un rey, Samuel se disgustó. Entonces se puso a orar al Señor, 7pero el Señor le dijo: "Considera seriamente todo lo que el pueblo te diga. En realidad, no te han rechazado a ti, sino a mí, pues no quieren que yo reine sobre ellos. 8Te están tratando del mismo modo que me han tratado a mí desde el día en que los saqué de Egipto hasta hoy. Me han abandonado para servir a otros dioses. 9Así que hazles caso, pero adviérteles claramente del poder que el rey va a ejercer sobre ellos." 10Samuel comunicó entonces el mensaje del Señor a la gente que le estaba pidiendo un rey. 11Les explicó: Esto es lo que hará el rey que va a ejercer el poder sobre ustedes: Les quitará a sus hijos para que se hagan cargo de los carros militares y de la caballería, y para que le abran paso al carro real. 12Los hará comandantes y capitanes, y los pondrá a labrar y a cosechar, y a fabricar armamentos y pertrechos. 13También les quitará a sus hijas para emplearlas como perfumistas, cocineras y panaderas. 14Se apoderará de sus mejores campos, viñedos y olivares, y se los dará a sus ministros, 15y a ustedes les exigirá una décima parte de sus cosechas y vendimias para entregársela a sus funcionarios y ministros. 16Además, les quitará sus criados y criadas, y sus mejores bueyes y asnos, de manera que trabajen para él. 17Les exigirá una décima parte de sus rebaños, y ustedes mismos le servirán como esclavos. 18Cuando llegue aquel día, clamarán por causa del rey que hayan escogido, pero el Señor no les responderá. 19El pueblo, sin embargo, no le hizo caso a Samuel, sino que protestó: ¡De ninguna manera! Queremos un rey que nos gobierne. 20Así seremos como las otras naciones, con un rey que nos gobierne y que marche al frente de nosotros cuando vayamos a la guerra. 21Después de oír lo que el pueblo quería, Samuel se lo comunicó al Señor. 22Hazles caso respondió el Señor; dales un rey. Entonces Samuel les dijo a los israelitas: ¡Regresen a sus pueblos!Capítulo 9
Saúl es elegido rey
1Había un hombre de la tribu de Benjamín, muy respetado, cuyo nombre era Quis hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, también benjaminita. 2Quis tenía un hijo llamado Saúl, que era buen mozo y apuesto como ningún otro israelita, tan alto que los demás apenas le llegaban al hombro. 3En cierta ocasión se extraviaron las burras de su padre Quis, y éste le dijo a Saúl: "Toma a uno de los criados y ve a buscar las burras." 4Saúl y el criado se fueron y cruzaron la sierra de Efraín, hasta pasar por la región de Salisá, pero no las encontraron. Pasaron también por la región de Salín, y después por el territorio de Benjamín, pero tampoco allí las encontraron. 5Cuando llegaron al territorio de Zuf, Saúl le dijo al criado que lo acompañaba: Vámonos. Debemos regresar, no sea que mi padre comience a preocuparse más por nosotros que por las burras. 6El criado le contestó: En este pueblo vive un hombre de Dios que es muy famoso. Todo lo que dice se cumple sin falta. ¿Por qué no vamos allá? A lo mejor nos indica el camino que debemos seguir. 7Pero si vamos, ¿qué le podemos llevar? preguntó Saúl. En las alforjas no nos queda nada de comer, ni tenemos ningún regalo que ofrecerle. 8Aquí tengo casi tres gramos de plata respondió el criado. Se los puedo dar al hombre de Dios para que nos indique el camino. 9(Antiguamente, cuando alguien en Israel iba a consultar a Dios, solía decir: "Vamos a ver al vidente", porque así se le llamaba entonces al que ahora se le llama profeta.) 10Muy bien dijo Saúl, vamos. Dicho esto, se dirigieron al pueblo donde vivía el hombre de Dios. 11Subían por la cuesta de la ciudad cuando se encontraron con unas jóvenes que iban a sacar agua. Les preguntaron: ¿Se encuentra por aquí el vidente? 12Sí, está más adelante contestaron ellas. Dense prisa, que acaba de llegar a la ciudad, y el pueblo va a ofrecer un sacrificio en el santuario del cerro. 13Cuando entren en la ciudad lo encontrarán, si llegan antes de que suba al santuario para comer. La gente no empezará a comer hasta que él llegue, pues primero tiene que bendecir el sacrificio, y luego los invitados comerán. Así que vayan de inmediato, que hoy mismo lo van a encontrar. 14Saúl y su criado se dirigieron entonces a la ciudad. Iban entrando cuando Samuel se encontró con ellos, camino al santuario del cerro. 15Un día antes de que Saúl llegara, el Señor le había hecho esta revelación a Samuel: 16"Mañana, a esta hora, te voy a enviar un hombre de la tierra de Benjamín. Lo ungirás como gobernante de mi pueblo Israel, para que lo libre del poder de los filisteos. Me he compadecido de mi pueblo, pues sus gritos de angustia han llegado hasta mí." 17Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: "Ahí tienes al hombre de quien te hablé; él gobernará a mi pueblo." 18Al llegar a la puerta de la ciudad, Saúl se acercó a Samuel y le preguntó: ¿Podría usted indicarme dónde está la casa del vidente? 19Yo soy el vidente respondió Samuel. Acompáñame al santuario del cerro, que hoy comerán ustedes conmigo. Ya mañana, cuando te deje partir, responderé a todas tus inquietudes. 20En cuanto a las burras que se te perdieron hace tres días, ni te preocupes, que ya las encontraron. Y agregó: Lo que Israel más desea, ¿no tiene que ver contigo y con toda la familia de tu padre? 21¿Por qué me dices eso? respondió Saúl. ¿No soy yo de la tribu de Benjamín, que es la más pequeña de Israel? ¿Y no es mi familia la más insignificante de la tribu de Benjamín? 22No obstante, Samuel tomó a Saúl y a su criado, los llevó al salón y les dio un lugar especial entre los invitados, que eran unos treinta. 23Luego Samuel le dijo al cocinero: Trae la ración de carne que te pedí que apartaras, y que yo mismo te entregué. 24El cocinero sacó un pernil entero, y se lo sirvió a Saúl. Entonces Samuel dijo: Ahí tienes lo que estaba reservado para ti. Come, pues antes de invitar a los otros, tu ración ya había sido apartada para esta ocasión. Así fue como Saúl comió aquel día con Samuel. 25Luego bajaron del santuario a la ciudad, y Samuel conversó con Saúl en la azotea de su casa. 26Al amanecer, a la hora de levantarse, Samuel habló con Saúl en ese mismo lugar: ¡Levántate! le dijo; ya debes partir. Saúl se levantó, y salieron de la casa juntos. 27Mientras se dirigían a las afueras de la ciudad, Samuel le dijo a Saúl: Dile al criado que se adelante, pero tú quédate un momento, que te voy a dar un mensaje de parte de Dios. El criado se adelantó.Capítulo 10
1Entonces Samuel tomó un frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Luego lo besó y le dijo: ¡Es el Señor quien te ha ungido para que gobiernes a su pueblo! 2Hoy mismo, cuando te alejes de mí y llegues a Selsa, en el territorio de Benjamín, cerca de la tumba de Raquel verás a dos hombres. Ellos te dirán: Ya encontramos las burras que andabas buscando. Pero tu padre ya no piensa en las burras, sino que ahora está preocupado por ustedes y se pregunta: ?¿Qué puedo hacer para encontrar a mi hijo? 3"Más adelante, cuando llegues a la encina de Tabor, te encontrarás con tres hombres que se dirigen a Betel para adorar a Dios. Uno de ellos lleva tres cabritos; otro, tres panes; y el otro, un odre de vino. 4Después de saludarte, te entregarán dos panes. Acéptalos. 5"De ahí llegarás a Guibeá de Dios, donde hay una guarnición filistea. Al entrar en la ciudad te encontrarás con un grupo de profetas que bajan del santuario en el cerro. Vendrán profetizando, precedidos por músicos que tocan liras, panderetas, flautas y arpas. 6Entonces el Espíritu del Señor vendrá sobre ti con poder, y tú profetizarás con ellos y serás una nueva persona. 7Cuando se cumplan estas señales que has recibido, podrás hacer todo lo que esté a tu alcance, pues Dios estará contigo. 8"Baja luego a Guilgal antes que yo. Allí me reuniré contigo para ofrecer holocaustos y sacrificios de comunión, y cuando llegue, te diré lo que tienes que hacer. Pero tú debes esperarme siete días. 9Cuando Saúl se dio vuelta para alejarse de Samuel, Dios le cambió el corazón, y ese mismo día se cumplieron todas esas señales. 10En efecto, al llegar Saúl y su criado a Guibeá, un grupo de profetas les salió al encuentro. Entonces el Espíritu de Dios vino con poder sobre Saúl, quien cayó en trance profético junto con ellos. 11Los que desde antes lo conocían, al verlo profetizar junto con los profetas se preguntaban unos a otros: ¿Qué le pasa a Saúl hijo de Quis? ¿Acaso él también es uno de los profetas? 12Alguien que vivía allí replicó: ¿Y quién es el responsable de ellos? De ahí viene el dicho: "¿Acaso también Saúl es uno de los profetas?" 13Cuando Saúl acabó de profetizar, subió al santuario del cerro. 14Su tío les preguntó a él y a su criado: ¿Y ustedes dónde estaban? Andábamos buscando las burras respondió Saúl; pero como no dábamos con ellas, fuimos a ver a Samuel. 15Cuéntame lo que les dijo Samuel pidió el tío de Saúl. 16Nos aseguró que ya habían encontrado las burras. Sin embargo, Saúl no le contó a su tío lo que Samuel le había dicho acerca del reino. 17Después de esto, Samuel convocó al pueblo de Israel para que se presentara ante el Señor en Mizpa. 18Allí les dijo a los israelitas: "Así dice el Señor, Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto. Yo los libré a ustedes del poder de los egipcios y de todos los reinos que los oprimían. 19Ahora, sin embargo, ustedes han rechazado a su Dios, quien los libra de todas las calamidades y aflicciones. Han dicho: ¡No! ¡Danos un rey que nos gobierne! Por tanto, preséntense ahora ante el Señor por tribus y por familias." 20Dicho esto, Samuel hizo que se acercaran todas las tribus de Israel y, al echar la suerte, fue escogida la tribu de Benjamín. 21Luego mandó que se acercara la tribu de Benjamín, familia por familia, y la suerte cayó sobre la familia de Matri, y finalmente sobre Saúl hijo de Quis. Entonces fueron a buscar a Saúl, pero no lo encontraron, 22de modo que volvieron a consultar al Señor: ¿Ha venido aquí ese hombre? Sí respondió el Señor, pero se ha escondido entre el equipaje. 23Fueron corriendo y lo sacaron de allí. Y cuando Saúl se puso en medio de la gente, vieron que era tan alto que nadie le llegaba al hombro. 24Dijo entonces Samuel a todo el pueblo: ¡Miren al hombre que el Señor ha escogido! ¡No hay nadie como él en todo el pueblo! ¡Viva el rey! exclamaron todos. 25A continuación, Samuel le explicó al pueblo las leyes del reino y las escribió en un libro que depositó ante el Señor. Luego mandó que todos regresaran a sus casas. 26También Saúl se fue a su casa en Guibeá, acompañado por un grupo de hombres leales, a quienes el Señor les había movido el corazón. 27Pero algunos insolentes protestaron: "¿Y éste es el que nos va a salvar?" Y fue tanto su desprecio por Saúl, que ni le ofrecieron regalos. Saúl, por su parte, no les hizo caso.Capítulo 11
Saúl derrota a los amonitas
1Najás el amonita subió contra Jabés de Galaad y la sitió. Los habitantes de la ciudad le dijeron: Haz un pacto con nosotros, y seremos tus siervos. 2Haré un pacto con ustedes contestó Najás el amonita, pero con una condición: que les saque a cada uno de ustedes el ojo derecho. Así dejaré en desgracia a todo Israel. 3Danos siete días para que podamos enviar mensajeros por todo el territorio de Israel respondieron los ancianos de Jabés. Si no hay quien nos libre de ustedes, nos rendiremos. 4Cuando los mensajeros llegaron a Guibeá, que era la ciudad de Saúl, y le comunicaron el mensaje al pueblo, todos se echaron a llorar. 5En esos momentos Saúl regresaba del campo arreando sus bueyes, y preguntó: "¿Qué le pasa a la gente? ¿Por qué están llorando?" Entonces le contaron lo que habían dicho los habitantes de Jabés. 6Cuando Saúl escuchó la noticia, el Espíritu de Dios vino sobre él con poder. Enfurecido, 7agarró dos bueyes y los descuartizó, y con los mensajeros envió los pedazos por todo el territorio de Israel, con esta advertencia: "Así se hará con los bueyes de todo el que no salga para unirse a Saúl y Samuel." El temor del Señor se apoderó del pueblo, y todos ellos, como un solo hombre, salieron a la guerra. 8Saúl los reunió en Bézec para pasar revista, y había trescientos mil soldados de Israel y treinta mil de Judá. 9Luego les dijo a los mensajeros que habían venido: "Vayan y díganles a los habitantes de Jabés de Galaad: Mañana, cuando más calor haga, serán librados. " Los mensajeros fueron y les comunicaron el mensaje a los de Jabés. Éstos se llenaron de alegría 10y les dijeron a los amonitas: "Mañana nos rendiremos, y podrán hacer con nosotros lo que bien les parezca." 11Al día siguiente, antes del amanecer, Saúl organizó a los soldados en tres columnas. Invadieron el campamento de los amonitas, e hicieron una masacre entre ellos hasta la hora más calurosa del día. Los que sobrevivieron fueron dispersados, así que no quedaron dos hombres juntos. 12El pueblo le dijo entonces a Samuel: ¿Quiénes son los que no querían que Saúl reinara sobre nosotros? Entréguenlos, que vamos a matarlos. 13¡Nadie va a morir hoy! intervino Saúl. En este día el Señor ha librado a Israel. 14¡Vengan! le dijo Samuel al pueblo. Vamos a Guilgal para confirmar a Saúl como rey. 15Todos se fueron a Guilgal, y allí, ante el Señor, confirmaron a Saúl como rey. También allí, ante el Señor, ofrecieron sacrificios de comunión, y Saúl y todos los israelitas celebraron la ocasión con gran alegría.La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI® Copyright © 1999 by www.biblica.com, Inc.®. All rights reserved worldwide.